martes, 6 de septiembre de 2016

Presencia

    
    Hacía poco que vivíamos ahí y yo estaba descubriendo la casa. Era una casa de paredes blancas, con muchas habitaciones y puertas. Sabía que ahí había vivido Cortázar mientras escribía sobre fantasmas. Yo trababa las ventanas, bajaba las persianas, cerraba con llave las puertas, alejaba las llaves de las ventanas. Eran tantas puertas que temía olvidarme de cerrrar alguna. Sentía una presencia. Miraba hacia fuera y controlaba que las puertas tuvieran llave, que las ventanas estuvieran trabadas, cruzaba los cerrojos. "Hay alguien adentro". "No, está todo cerrado". Había alguien afuera, a quien observaba escondida. Luego, había alguien adentro: una chica de pelo lacio. Seguramente había sido narrada en un cuento, pero no me consolaba que tuvierámos un amigo en común.

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