La primera vez que la invitaron a tocar el piano por el Día de la Música quiso decir que no, porque hacía mucho que no practicaba. Pero aceptó y recorrió 9 de Julio buscando pianos para ensayar.
El 22 de noviembre diluviaba. La pasamos a buscar. Yo me bajé corriendo del auto para llamarla y ella salió por la puerta del comedor, que pocas veces se usaba. Me miró de la cabeza a los pies, vio estaba usando zapatillas y me dijo "¿Vos no venís?". Y yo no sé qué le dije o que pensé, pero tenía dieciséis años y estaba vestida lo mejor que podía. Era eso o los horribles y dolorosos zapatos del colegio.
Fue la primera vez que yo la escuché tocar el piano. Se excusó diciendo "Yo que soy de la guardia vieja les voy a tocar un tango". Y tocó La Cumparsita y 9 de Julio. Yo sabía aún menos que ahora de tangos pero me emocionó que ella tuviera toda esa fuerza adentro. Y creo que a todos nos pasó eso. Todos la saludaron luego porque era inexplicable que con tanta vida recorrida, con su cuerpo pequeño y dulce y luego de años sin un piano cerca tuviera esa convicción y energía al tocar.
Muchos años después supe que ese 22 de noviembre de 2006 falleció un hombre muy querido que amaba la música. Y entendí que el cielo lo homenajeaba.
Muchos veces más la invitaron a celebrar el Día de la Música. Aún cuando avisamos que tenía menos memoria, los organizadores quisieron que fuera a compartir lo que podía: Lo que amaba.
Ella fue perdiendo la memoria y el compartir es distinto. Pero en este tiempo que la comunicación es más intuitiva y emocional, yo aprendí algunas letras de tango y ella tararea hermosamente las melodías, y la música la aferra a la Vida.
