lunes, 6 de febrero de 2017

Encuentro

Me encontré con mi abuela en un museo. Yo era yo, y ella, la que fue. Estaba con mi prima y con quien entonces era su novio -ahora es su marido. Yo los vi a los tres conversar. Luego, Julia y Nicolás se alejaron. Mi abuela me daba la espalda. Yo pensé si acercarme, si presentarme. Su Belén, la de su presente, tenía diez años menos. ¿Me entendería? ¿Me reconocería? Y sentí tantas ganas de estar con esa abuela...

miércoles, 18 de enero de 2017

Música de vida


   La primera vez que la invitaron a tocar el piano por el Día de la Música quiso decir que no, porque hacía mucho que no practicaba. Pero aceptó y recorrió 9 de Julio buscando pianos  para ensayar.
   El 22 de noviembre diluviaba. La pasamos a buscar. Yo me bajé corriendo del auto para llamarla y ella salió por la puerta del comedor, que pocas veces se usaba. Me miró de la cabeza a los pies, vio estaba usando zapatillas y me dijo "¿Vos no venís?". Y yo no sé qué le dije o que pensé, pero tenía dieciséis años y estaba vestida lo mejor que podía. Era eso o los horribles y dolorosos zapatos del colegio.
   Fue la primera vez que yo la escuché tocar el piano. Se excusó diciendo "Yo que soy de la guardia vieja les voy a tocar un tango". Y tocó La Cumparsita y 9 de Julio. Yo sabía aún menos que ahora de tangos pero me emocionó que ella tuviera toda esa fuerza adentro. Y creo que a todos nos pasó eso. Todos la saludaron luego  porque era inexplicable que con tanta vida recorrida, con su cuerpo pequeño y dulce y luego de años sin un piano cerca tuviera esa convicción y energía al tocar.
   Muchos años después supe que ese 22 de noviembre de 2006 falleció un hombre muy querido que amaba la música. Y entendí que el cielo lo homenajeaba.
   Muchos veces más la invitaron a celebrar el Día de la Música. Aún cuando avisamos que tenía menos memoria, los organizadores quisieron que fuera a compartir lo que podía: Lo que amaba.
   Ella fue perdiendo la memoria y el compartir es distinto. Pero en este tiempo que la comunicación es más intuitiva y emocional, yo aprendí algunas letras de tango y ella tararea hermosamente las melodías, y la música la aferra a la Vida.

Domingo de misa

   Llegábamos el domingo a la misa del colegio. Ni bien atravesamos la puerta grande de la entrada vimos al Padre Alfonso cruzando el hall, desde las oficinas hacia la capilla. Al verlo, la abuela se detuvo, y desde el umbral, le dijo con picardía "¿Usted sabe quién soy yo?" y Alfonso, con su suavidad y ternura, le dijo "Sí, usted es la madre de los Tinetti". Conforme con la respuesta, seguimos caminando y entramos a la capilla. 
   Después de la misa, Alfonso saludaba en el hall. Nosotras primero saludamos a mucha gente adentro. Salimos de la capilla y nuevamente la abuela le preguntó si la conocía. Ya quedaba poca gente en el hall, y la abuela, el Padre Alfonso y yo formábamos un triángulo. La abuela le dijo:
    -Yo no vivo más en acá- y Alfonso me miró a mí como diciendo "¿Dónde vive?" mientras la abuela seguía explicando- pero cada vez que vengo a 9 de Julio digo "yo tengo que ir a la misa del Padre Alfonso".
    Terminada la frase, Alfonso le preguntó:
    -¿Dónde vive?
    Entonces la abuela me miró a mí como diciendo "¿Dónde vivo?" y yo le dije
    -Sí, abue, vos vivís en 9 de Julio.
    Y ella asintió pero se excusó:
    -Ah, sí, sí, pero yo soy de Quiroga.
Terminamos el domingo a los besos y los abrazos, y Alfonso que sabía que menos pregunta Dios y perdona, valoró más el afecto que la memoria.