lunes, 12 de noviembre de 2012

Sueño del 11 de noviembre



Había dormido mal toda la noche. Me despertaba, pensaba cosas feas. Cuando me desperté le dije a Fran que había soñado algo feo. No sabía qué, pero tenía esa sensación fea. ¡Y me acordé!
Había soñado que me estaba por morir. En el sueño yo había comido una tapita de gaseosa. Sabía que no debía comerla pero no sé porque lo hice. Y el médico le había dicho a mamá que a la noche me iba a morir.
Yo pasaba el último rato de mi vida en la habitación que creo que en el sueño era la habitación de mi casa, pero en realidad es del departamento de Fran, donde yo estaba durmiendo. Y en algún momento también iba al baño.
Desde la ventana del cuarto, que no sé donde estaba, pero era un segundo piso y daba a la calle –eso no es del departamento de Fran- veía una coche negro que estacionaba en la puerta de casa y me esperaba. Era la carroza. No era largo, pero yo sabía que entraba bien ahí.
También creo que había medios de comunicación en la puerta de casa. Esperando…  
Todos sabían que yo me iba a morir.
Nunca vi al médico que hizo el diagnóstico. Parece que era irremediable, no se podría hacer nada.
A mí me costaba un poco creer mi muerte. No entendía qué era lo tan grave de haber comido una tapita de gaseosa. Quizás por eso el sueño no era demasiado trágico. Pero en un momento, que debo haber tenido una noción más clara de la fatalidad próxima, me angustié. Le pedí perdón a mi mamá por haber comido la tapita. Y creo que le di planchuela de telgopor con algo, supongo que algún dibujo, algún recuerdo.
Una amiga había ido a visitarme. Tengo la imagen de estar acostada y que Agustina estuviera sentada a los pies de la cama. No sé de qué charlábamos.
Después, cuando eran cerca de las nueve de la noche me agarró dolor de panza. No sabía si era que la tapita estaba haciendo efecto o tenía hambre.
Ya quedaba poco tiempo… Mamá en algún momento decía algo como que no creía demasiado en que me fuera a morir, pero sólo quedaba esperar.
Y no sé más. Supongo que no morí. 


miércoles, 15 de agosto de 2012

Despertar





En la quietud de la noche se escuchó un ruido. Y se prendió una luz. Creía que caía por un túnel angosto y aterrador, pero despertó en su cama, traspirado. No podía alejar el miedo experimentado de su mente. Y fue entonces que la quietud de la noche ayudó a tranquilizarlo. Se levantó, titubeante. Bajó las escaleras y se sentó en un sillón. Desde ahí podía observar claramente el living comedor oscuro, inmóvil, silencioso. Otra vez vivía el frío, la inseguridad, la inestabilidad. De inmediato se reconoció sentado en su casa. Los golpes a la puerta lo llevaron a la realidad. Atender a esa persona significaba para él estar despierto, alejado de esa pesadilla que lo atormentaba cada vez que entrecerraba sus ojos. Sólo que en el umbral lo esperaba el hombre de sobretodo negro de cuero que minutos antes –mientras él estaba físicamente acostado en su dormitorio- lo había perseguido por esas calles interminables. Por correr desesperado sin pensar dónde pisaba, estando únicamente atento a escapar, había tropezado y entrado en el túnel angosto y aterrador. Al ver a su persecutor, se mantuvo rígido, expectante. De algún modo sabía que no podía escabullirse más, que aunque quisiera esconderse sería descubierto. Fue entonces que el hombre le dijo “Buenas noches” y le extendió una factura de la luz. “La dejaron en mi departamento por error. Adiós”. 

sábado, 30 de junio de 2012

Breves pensamientos sobre el Realismo Mágico y las historias en el universo




Siento la necesidad de decir algo y no sé qué. Creo que me volvió esa necesidad de escribir cuentos, ese sentimiento raro que aparece antes de encontrar una idea y que me invita a sentarme a buscar.
Creo que hay algo muy mágico en contar de forma simpática cosas cotidianas. Porque las cosas cotidianas nos pasan a todos pero lo mágico está en verlas con cierta distancia para poder asombrarnos de ellas.
Hace un tiempito, un sábado cerca de las 10 de la noche llamé a mi mamá por teléfono y mientras hablábamos yo estaba tomando mate. Y ella dos veces me dijo “Estás tomando mate. ¡Qué rico!”. Y yo le sugerí que en lugar de desearlo fuera a prepararse uno. Me encanta poder desear y poder disfrutar de algo que está tan cerca, algo tan simple.
Estoy pensando en cosas simples y mágicas y estoy escuchando una canción de Calle 13. Se me viene a la mente el realismo mágico de García Márquez. “Ven conmigo a dar un paseo por el parque porque tengo más cuentos que contarte que García Márquez”.
En el verano leí Cien años de soledad. Me partió la cabeza. Me fascinó. Me generó una terrible envidia sana. Me encantó el momento en que el autor es también un personaje, amigo de Aureliano Buendía, cuyo apellido paterno en realidad era otro pero él no conocía a su padre, que había muerto antes de su nacimiento. Este amigo, Gabriel, cree los relatos de Aureliano sobre su tío abuelo, el Coronel Aureliano Buendía porque éste había sido compañero de su tío, el Coronel Gerineldo Márquez.
También me encantó cuando llovieron flores amarillas, el día que murió José Arcadio Buendía.
Me parece fascinante que diga todo tan simplemente y a la vez haga denuncias sociales tan contundentes.
Sigo con ganas de escribir un cuento...
Leí algo así como una conferencia de Borges donde dice que “lo importante es el hecho de que el escritor es un amanuense, él recibe algo y trata de comunicarlo, lo que recibe no son exactamente ciertas palabras en un cierto orden, como querían los hebreos, que pensaban que cada sílaba del texto había sido prefijada. No, nosotros creemos en algo mucho más vago que eso, pero en cualquier caso en recibir algo”*. Salvando las distancias –porque quién puede compararse con Borges- me pasa que los cuentos me llegan. Me siento a escribir y los recibo. No hay un plan, una historia planeada. Simplemente llegan. Escribo una frase y esa lleva a la siguiente. Y cuando dejo un pequeño misterio no es intencional; yo misma desconozco la respuesta. Supongo que a otros escritores les pasará algo parecido. No creo que Gabriel sepa quién y por qué mató a José Arcadio.
Pero volviendo a Borges: Estoy segura –tanto como uno puede estarlo al hablar de cosas desconocidas- que todas las historias existen en el universo y uno las recibe, las baja al papel. Lo único que me genera dudas de esta teoría es la distribución desigual de historias. Me resulta llamativo que todos los cuentos recibidos por Borges sean excelentes., y los demás ¿qué?
Pero ahora que siento que hay una idea dándome vueltas, prefiero que “la inspiración me encuentre trabajando”.

30 de junio de 2012



* Jorge Luis Borges, Acerca de mis cuentos. Disponible en http://www.apocatastasis.com/jorge-luis-borges-acerca-de-mis-cuentos.php#axzz1zJ20Sw9N