jueves, 21 de febrero de 2019

Buenas tardes amor de mi vida

Esa tarde se despertó de la siesta con una sensación extraña. Su boca tenía gusto pastoso. Fue hasta la cocina y se sirvió agua. Desde la ventana veía el patio y el cielo celeste, despejado. Pero en realidad miraba hacia adentro, como buscando en su memoria.
Al rato, él llegó de la calle. Dejó los libros en la mesa y se acercó a saludarla. Ella seguía de frente a la ventana, escarbando en los surcos oscuros de los recuerdos.
Él pasó su mano suavemente por su cintura y le dió un beso en la mejilla. "Buenas tardes amor de mi vida". Y salió al patio.
Eso era. De a poco, las imágenes fueron llegando a su mente. Las escaleras en la entrada del edificio, la firma en el acta, el cielo azul celeste, el lago intenso y los cerros de fondo. "Amor de mi vida". Eso le había dicho al dar el sí.
Sonrió. Pensó "Qué hermoso sueño".
De pronto, las imágenes se agolparon en su mente. El olor del ramo de jazmines; un largo beso y su voz simpática al decirle “Señora”; él charlando en la barra de un café, a unos metros de la mesa, diciendo “sí, es nuestra luna de miel”; el frío frente al lago; un camino de cornisa lleno de nieve; el dolor seco en el cuello, el gusto a sangre en su boca, el color negro.
Movió rápidamente la cabeza como si hiciera un esfuerzo por mantenerse despierta. Tomo aire de golpe, puso rígidos los músculos y abrió grandes los ojos. Ahora sí miró al patio, miró a aquel hombre que le resultaba desconocido, se miró las manos y volvió atónita sobre sus palabras. Lentamente repitió “Qué lindo sueño”.