Ahora que pasó algún tiempo quiero ordenar los fragmentos borrosos de
la memoria. De los primeros días no tengo imágenes, sino simplemente algunos
olores y ruidos que ya parecen muy lejanos. De ahí mi memoria salta a un mes
después, a una serie de sensaciones de cuando todo cambió. Recuerdo que nos llevaron
a un lugar desconocido. Luego, todo estaba oscuro. Luego, hacía frío. Luego,
ruido de autos en una mañana de otoño. Éramos cuatro, cada una con su soledad.
Luego, una voz, y luego esa voz conversaba con otra. Yo no entendía que decían.
Nos cargaron y nos llevaron a una casita. Estábamos cuidadas. Siempre
había gente trabajando. Varias veces por día venían a vernos y nos traían
comida. Cuánta hambre acumulada traiamos. El lugar era pequeño. A los poquitos
días empezamos a recibir visitas. Vino una nena y jugamos un rato. Éramos tres. Al día siguiente
vinieron dos hermanitos. Yo no entendía qué decían, pero nos mimaron mucho.
Éramos dos. Pasaron unos días más y nos
visitó una señora. Era yo sola.
Al sábado siguiente, al mediodía, vino una chica y su mamá. La mamá me
acarició la cabeza. Cuánta emoción. Me llevaron a otro lugar. Había varias
mujeres y hablaban y festejaban. Me saludaron y me dijeron “Qué suerte que no
vas a pasar el fin de semana solita”. De ahí fuimos a otro lugar y a otro. Yo
no entendía los ruidos, los movimientos, los lugares. Finalmente, llegamos
–aunque yo no lo sabía. No paraban de hablarme, de mirarme, de tocarme. Me
mojaron con agua calentita, pero no me gustó. Y me secaron. Yo tenía mucho,
mucho sueño.
Y a de poco fui entendiendo que esta es mi casa. Aprendí lo que puedo
hacer y lo que no, aunque a veces me olvido y lo hago igual. Jugamos, me miman,
me cocinan, paseamos. Pasó un año. Unos días atrás Martina le dijo a Belén “Tenía que ser ella. ¿Te acordás lo que nos
costó encontrarla? Porque ahora está lleno de perritos que buscan hogar, pero
cuando empezamos a buscar estaba solamente ella.”
9 de junio de 2015


No hay comentarios:
Publicar un comentario