Dos frases sobresalieron entre el sábado a la noche y el domingo a la mañana. La segunda:
-¡Gracias a Dios no hay monopolio de remises!
Dicho esto, me baje del auto, empujé la puerta y la dejé mal cerrada. El remisero bajó el vidrio y siguió hablándome.
Ardua discusión, la segunda del fin de semana. Estoy indignada.
lunes, 24 de noviembre de 2008
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