lunes, 24 de noviembre de 2008

Dos frases sobresalieron entre el sábado a la noche y el domingo a la mañana. La segunda:

-¡Gracias a Dios no hay monopolio de remises!

Dicho esto, me baje del auto, empujé la puerta y la dejé mal cerrada. El remisero bajó el vidrio y siguió hablándome.

Ardua discusión, la segunda del fin de semana. Estoy indignada.

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