lunes, 6 de octubre de 2008

Juego

Soñé con parte de este cuento en enero de 2007. Supongo que después de mudarme dos veces, el sueño no se hará realidad y el ladrón no me seguirá. A veces la inspiración llega al incosciente -y no digo que de madrugada porque en verano hay sol a mi madrugada.


Papeles en blanco sobre la mesa, una lapicera expectante y un vaso con agua. Todos esperaban a quien, en otra punta de la habitación, revolvía un café con mucha azúcar. Para no dormirse, cuando levantó la taza y comenzó a beberlo, rompió el silencio con golpes rítmicos sobre el pequeño plato. Oyó un ruido afuera, y dejó su pasatiempo para escuchar atentamente. Sin embargo, el sueño fue más fuerte y decidió cerrar bien las aberturas por si hubiera alguien en el patio que provocara el ruido. Aunque, pensándolo bien –se dijo-, era más probable que fuera alguno de los gatos que solían visitarlo. Decidió no provocarse miedos, sabía que la imaginación no era amiga en momentos así. Entonces no pensó más.
La sirena de los bomberos lo despertó cerca del amanecer. Se levantó a tomar agua y a escribir las salutaciones de fin de año en los papeles que lo esperaban en la cocina.
Con la normal tontera que caracteriza a los que madrugan habiéndose ido a dormir de madrugada, caminó por el pasillo.
Del otro lado de la mesa, un hombre de algo pelado lo esperaba mostrando su arma.
-¿Dormiste bien?-le preguntó-. Espero que estés lúcido porque vengo a proponerte un juego.
Emilio no pudo hablar.
-La primera regla-comenzó el intruso- es no cometer movimientos en falso. No creo necesario explicarte el riesgo que conllevan. Van a ser tres partes: en la primera me contás de tu vida y yo te cuento de la mía; en la segunda hacemos una lista de los miedos que tenemos; y en la tercera –e hizo una muy breve pausa- vos podés hacerme todas las preguntas que quieras sin restricciones en el tema y yo me llevo tu dinero. ¿Supongo que entendiste?
El ladrón tomó nota de las palabras de Emilio. Al llegar a la tercera parte, Emilio empezó el interrogatorio.
-¿Por qué robas?
-Porque necesito la plata para algunas cosas que no puedo comprar sino es con la ayuda de gente como vos.
-¿Y no te sentís mal de despojar a las personas de lo que les pertenece solo para satisfacer tus deseos?
-No, yo tomo este juego como un trabajo que me permite solventar mis gustos.
Emilio intentaba despertar en el hombre a la preciada joya de la conciencia. Después de varias preguntas, el asaltante y su método despertaron la curiosidad de Emilio.
-¿Por qué tenemos que hacer este juego antes de que me robes si podría ser un trámite mucho más corto para los dos?
-Para que tengamos más confianza. Así nos podemos conocer mutuamente.
-Siempre supe que no eras una persona deseable, desde mucho antes de que entraras a mi casa- respondió Emilio que ya sentía la pérdida.
-No voy a contradecirte. Es tu opinión. ¿Terminaste? Ahora es mi turno. Dame la plata.
Emilio cumplió.
-¡Me olvidé de decirte! Me llamo Gastón. Que seas feliz. Supongo que tenés presente que el dinero no hace a la felicidad. Y hoy vine a liberarte de la dependencia que genera. Adiós.

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