lunes, 11 de agosto de 2008

4 de junio de 2008

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Yo estaba durmiendo la siesta y escuché tres timbres cortos, la contraseña que siempre usó mi abuela para identificarse del otro lado de la puerta. Pero estaba muy cansada y no quise levantarme, esperé a que mi mamá atendiera. Se saludaron y yo me sorprendí ya que hacía mucho tiempo que la abuela no nos visitaba y el día era frío y húmedo, como para que ella pasara la tarde en su casa. Preguntó por mí. Mamá le dijo que yo estaba durmiendo arriba, que subiera a saludarme. Y escuché sus primeros pasos lentos en la escalera.
El timbre volvió a sonar y mamá atendió. El gasista le dijo que había insistido porque sabía que ella estaba durmiendo, para despertarla. Mamá le contó que ella tenía puesto el despertador pero no había sonado. Y ahí empezó a sonar y mamá subió a su cuarto para apagarlo.

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